Una congregación en Armenia acepta el desafío de plantar nuevas congregaciones

Armenia

Hamlet Mkrtchyan tenía 10 años de estar al frente de una obra nazarena que plantó en Maralik, Armenia, pero un día se dio cuenta de que se había acomodado demasiado. 

"Si la iglesia que pastoreo es una iglesia viva, debe mostrar señales de fruto", dijo Hamlet. "Esta iglesia necesita ser una iglesia madre y tener algunas misiones en otros lugares porque somos parte de la Gran Comisión. Escuché [de parte de Dios]: 'la Gran Comisión está delante de ti, pero no estás haciendo nada al respecto' ".

Él ya tenía cierto conocimiento sobre la plantación de iglesias. Zapatero de profesión, Hamlet se sintió atraído por el ministerio pastoral poco después de haber entregado su vida a Cristo en su edad adulta. En 2005, tenía alrededor de un año de congregarse en la Iglesia del Nazareno en Gyumri, Armenia, cuando la congregación comenzó a orar por la plantación de una nueva iglesia en la ciudad de Maralik.

Hamlet recorrió la ciudad, y allí vio a muchas mujeres que se prostituían mientras sus hijos jugaban sin supervisión en las calles.

"Quería hacer algo por esos niños", dijo. "No quería que esas chicas crecieran y siguieran los pasos de sus madres. Dios puso en mi corazón el deseo de ir a esa comunidad y cuando entré, me encantó".

Hamlet visitaba Maralik frecuentemente. Él compartía el amor de Dios con la gente que iba conociendo, y cuando vieron cuánto los amaba, comenzaron a sentir curiosidad por el evangelio.

Así, comenzó un pequeño grupo en la ciudad, que con el tiempo se convirtió en una vibrante congregación. Hoy, más de 60 personas pertenecen al grupo, y alrededor de 40 adultos se reúnen regularmente durante el servicio dominical. La congregación también trabaja con unos 80 niños cada semana, y el grupo de jóvenes tiene más de una docena de asistentes regulares.

Al pasar de los años, algunos de los niños crecieron y se mudaron, pero Hamlet continúa discipulándolos a través de llamadas regulares por Skype.

En 2016, cuando Hamlet con el sentir de que Dios le estaba pidiendo a su congregación que plantara más grupos pequeños, procedió con determinación pero a la vez con cautela. Daba un pequeño paso, luego oraba y observaba para ver si Dios bendecía la iniciativa. A través de este proceso, buscó continuamente la sabiduría y el consejo de otros líderes y de su congregación.

Al principio, no todos en la congregación estaban de acuerdo con la visión de plantar más iglesias ya que algunos decían que los lugares donde consideraban comenzar un grupo pequeño eran imposibles de alcanzar y que la gente era difícil. A pesar de los temores de la congregación, Hamlet confiaba en la dirección de Dios y convenció a su congregación para que adoptara esta visión.

La decisión del lugar en donde plantarían el primer grupo pequeño nuevo surgió después de que notara que la hermana de un miembro de la iglesia llegaba solamente de vez en cuando. Cuando le pregunté por qué no venía todos los domingos, dijo que le era demasiado difícil porque las carreteras en la parte de la ciudad donde vivía estaban en malas condiciones.

Hamlet le dijo que se pusieran a orar para que el gobierno mejorara las carreteras, pero la mujer admitió que era extraño orar por algo así.

"Así que, frente a la iglesia, solamente dije: 'Estoy proclamando que se construyan las carreteras, y si algún día tus carreteras son lo suficientemente buenas, esta será la señal de que Dios quiere tener una iglesia en tu comunidad", dijo Hamlet.

El tiempo pasó, y finalmente, Hamlet se olvidó de su valiente y confiada oración pública. Luego, unos 18 meses después, algunos de los miembros de la iglesia se le acercaron.

"¿Recuerdas que oraste por las carreteras?" le dijeron. "¿Te enteraste que [arreglaron] las carreteras? Ahora tenemos buenas carreteras. ¿Crees que es hora de dar el siguiente paso?

La primera vez que visitó la comunidad de la mujer y vio las nuevas carreteras, se quedó sin palabras. Él entendió que Dios había tomado su oración en serio, y ahora era el turno de la congregación de cumplir su promesa.

La iglesia envió miembros para comenzar el grupo pequeño, empezando por la mujer que vivía en esa comunidad. En un año, el grupo se mantuvo estable y en crecimiento.

Algunos de los miembros de la iglesia también plantaron un grupo pequeño en la ciudad de Dzitenkov.

"Toda la iglesia está involucrada en las misiones, porque cada vez [que visito una nueva ciudad] llevo personas diferentes conmigo", dijo Hamlet. "Extiendo la visión a toda la iglesia, y todos en la iglesia comparten la visión de ir a más lugares".

Recientemente, Hamlet asistió a un entrenamiento de discipulado para grupos pequeños, donde aprendió nuevas ideas y formas de trabajar con grupos pequeños y el discipulado.

"Ahora, estoy pensando y soñando que cada miembro de mi iglesia debe tener su propio grupo pequeño", dijo. "No para predicar, sino que para tener la oportunidad de compartir una vez por semana. Para que inviten a [al menos una persona] a su casa y desarrollen una relación, discusión, tomen café y escucharlos".

Ya ha desafiado a su congregación a intentar esto. Aquellos que han aceptado el desafío con entusiasmo le dan un informe cada domingo contándole historias de las interacciones que han tenido con las personas durante la semana. Ahora, la congregación está orando para que cada miembro tenga un discípulo y que este crecimiento se traduzca gradualmente en un número grande de discípulos.

"Usaremos estos grupos pequeños para multiplicarnos de esta manera", dijo.

Hoy en día, Hamlet no es el único plantador de iglesias en su familia. Su hija, Lamara, y su esposo, Armen, están al frente de una nueva Iglesia del Nazareno en Gyumri, en el mismo lugar donde comenzó el caminar espiritual de su familia. Ellos esperan que su congregación crezca poco a poco a través de los ministerios de discipulado de la misma manera que lo hizo la iglesia de Hamlet.

--Engage Magazine

Posted in: