El Segundo Superintendente General

Los primeros nazarenos enfrentaron un dilema central: ¿cómo pudieron varios grupos de santidad, que surgieron en diferentes regiones de los Estados Unidos, y cada uno, una denominación auto gobernante y completamente independiente, funcionar como un cuerpo unido después de la fusiones que los unió en 1907 y 1908?
Entre aquellos que entendieron el problema fundamental fueron C.W. Ruth, quien agenció los matrimonios entre iglesias; Phineas F. Bresee, cuyo carisma fue significativa en las fusiones de autoridad de espíritu y constitucional; y el energético Hiram F. Reynolds, cuyo rol en moldear un punto de vista común denominacional, llegaron a ser cruciales después de la Segunda Asamblea General.
Reynolds el nazareno que más había viajado de su tiempo, promoviendo los intereses de toda la iglesia y estampándola con una visión para la misión mundial.
Hiram F. Reynolds nació en Lyons, Illinois, el 12 de mayo de 1854. Sus primeros años los pasó en las comunidades de área rural alrededor de Chicago y en las praderas al oeste de la ciudad. Reynolds recuerda esos años: “ Bien, recuerdo que cuando me acostaba sobre mi colchón de paja en el ático, como mi corazoncito palpitaba con miedo mientras que la jauría de lobos se juntaban alrededor de la humilde casucha y aullaban hasta que mi padre o mis hermanos o todos salían y los ahuyentaban”.
El padre de Reynolds sufrió una muerte temprana, y la extrema pobreza forzó a la madre viuda a tomar decisiones difíciles. Los hijos mayores o se mudaban a Chicago para comenzar a hacerse camino en el mundo, o eran puestos en buenos hogares donde ellos podrían ganarse la vida. Este último fue el destino de Hiram. Muchos años más tarde, el aconsejó a los nazarenos a apoyar su Junta de Orfanatorio General de niños, recordándoles que “Dios se ha declarado a sí mismo padre de los huérfanos”.
Reynolds creció a la madurez apartado de la iglesia o credo, pero a los 20 años se mudó a Chicago y se quedó con la familia de su hermano mayor. La familia era metodista. La fe cristiana vital del hermano de Reynolds llamó su atención, pero la fe de su cuñada le impresionó aun más. Más tarde, él consideró la influencia de ella como una dirección providencial hacia su salvación eventual.
En 1874 él se fue a Vermont para visitar a su madre y a su hermano menor. Era sólo la segunda vez que los había visto en casi una década. El permaneció allí por algún tiempo, y allí él se convirtió entre los metodistas, fue llamado a predicar, y entró al Seminario Teológico Montpelier. En 1879 comenzó su ministerio.
Reynolds sirvió varias iglesias en la Conferencia de Vermont: Bondville, Plymouth Notch, Barnard, circuito Topshen, y el Chelsea Oeste-Chelsea. En 1886 él fue ordenado como presbítero por el obispo John F. Hurst (quien once años más tarde ordenó a J.G. Morrison-sucesor de Reynolds en la Junta de Superintendente Generales-un presbítero en la Conferencia norte de Minnesota). En 1879, Reynolds se casó con Stella Byerd. Ellos tuvieron tres hijos: Eliza Belle, Stella Ardelia, y Aaron. Muchos años más tarde, ellos adoptaron una nieta, Frances.
Reynolds llegó a ser activo en la obra de la Asociación de Santidad de Vermont, sirviendo como su presidente. En 1892 buscó ser liberado de su ministerio pastoral a fin de dedicarse completamente a las campañas de avivamiento, rechazando una oferta de servir en su conferencia como presidente presbítero (superintendente de distrito). Tres años más tarde, para que su obra de avivamiento pudiera continuar sin impedimentos. Él se retiró de la Iglesia Metodista Episcopal y llegó a ser el primer ministro ordenado episcopalmente que se uniera con la recién fundada Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica. En la primera asamblea de la AIPN en 1897, él fue elegido como secretario de las misiones domésticas y extranjeras-una posición que mantuvo hasta la Primera Asamblea General de la Iglesia del Nazareno Pentecostal en 1907, cuando el grupo de Reynolds se unió con el grupo de Bresee en el oeste.
Reynolds “usó dos sombreros” la mayor parte de su carrera subsecuente: superintendente general (1907-1932) y jefe ejecutivo de la Junta General de Misiones Extranjeras (1908-1922; 1925-1927). Desde esta posición de doble responsabilidad, Reynolds fortaleció los vínculos de conexión entre las nuevas regiones unidas de la iglesia. El llegó a ser un viajero incesante, presidiendo en las asambleas de distrito, predicando en las reuniones campestres, y conduciendo los negocios de la iglesia. El llevaba una máquina de escribir portátil y mecanografiaba su correspondencia, escribiendo mientras viajaba en el tren. El publicó informes simultáneamente en los tres boletines regionales hasta que El Heraldo de Santidad se fundara en 1912 como el boletín para toda la denominación. Reynolds mudaba su residencia con frecuencia- Brooklyn, Chicago, Oklahoma City, Kansas City- para que varias secciones de la iglesia sintieran contacto personal con la superintendencia general.
Las misiones fueron su causa principal, defendida en cada una de las asambleas de distrito que Reynolds condujo. Su defensa ayudó a unificar la iglesia al mantener una visión grande y centrada en un tema bíblico. En 1913-14, él visitó las iglesias y misiones en Japón, China, India, y África, animando y fortaleciéndolas. Su viaje alrededor del mundo era un evento seguido por el público nazareno a través de sus informes en El Heraldo de Santidad y el boletín mensual misionero La Otra Oveja. Muchas de las fotografías originales de Reynolds fueron más tarde publicadas en un libro sobre el viaje.
Viajes subsecuentes lo llevaron repetidamente a través de Norte América y el Medio Oriente, el Caribe, América Central, y de regreso dos veces a Japón y China. Su colega J.B. Chapman, alabó a Reynolds como “el misionero extranjero original del Movimiento nazareno”. Él añadió: Como iglesia y pueblo debemos más a la visión temprana, el entusiasmo, y al celo de H.F. Reynolds por el éxito de nuestra empresa misionera más que ninguna otra cosa”.
En 1932 Reynolds llegó a ser superintendente general emérito pero continuó conduciendo asambleas de distrito regularmente hasta 1934. En 1938, él murió a la edad de 84 años y fue enterrado en Townshend, Vermont. El legado de Hiram F. Reynolds vive en cientos de distritos nazarenos que existen en Asia, África, el Caribe y América Latina.